julio 2, 2026
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Ciudad De México, 02 de julio de 2026.- La desigualdad en el acceso a la salud en México tiene un rostro femenino marcado por la pobreza, la brecha salarial y un acelerado proceso de envejecimiento poblacional. Mariana Medina, doctora en Ciencias Políticas de la UNAM, y Yahaira Ochoa, de la Red de Mujeres por la Salud, advirtieron sobre la necesidad urgente de garantizar el acceso a servicios médicos y establecer un sistema de cuidados que reconozca la realidad de las mujeres.

El contexto demográfico muestra cambios estructurales significativos. En ocho años, de 2016 a 2024, la población de mayores de 65 años creció 21.3%, mientras que los menores de 15 años bajaron en casi 25 por ciento. A escala nacional, los adultos mayores ya representan 10.3 por ciento de la población; en la Ciudad de México esta cifra asciende a 14.4 por ciento, mientras que en Quintana Roo es de 5.9 por ciento. Simultáneamente, el número de integrantes de los hogares se redujo 8.5 por ciento en el mismo periodo.

Este envejecimiento conlleva una mayor carga de enfermedad. Con base en la Encuesta Nacional sobre Salud y Envejecimiento en México (Enasem) 2024, las mujeres registran una mayor prevalencia de males crónicos en comparación con los hombres. Específicamente, la hipertensión arterial afecta a 40 por ciento de las mujeres frente a 30 por ciento de los hombres. A esta situación sanitaria se suma la responsabilidad familiar: en la población femenina recae la mayor carga del cuidado de adultos mayores y enfermos.

La dimensión económica agrava este escenario. Los datos indican que los hogares más pobres sobreviven con 5 mil 598 pesos al mes, mientras que los sueldos de los más ricos son de 78 mil 697 pesos. Esta disparidad impacta directamente la capacidad de respuesta ante emergencias médicas. Además, en 85 por ciento del territorio nacional los ingresos económicos de las mujeres son inferiores al promedio nacional.

Mariana Medina identificó obstáculos concretos para el acceso a la atención médica, destacando la percepción de bajos salarios como una barrera fundamental. “Eso restringe drásticamente la capacidad financiera de las familias más desfavorecidas y en particular de las mujeres, para enfrentar contingencias de salud”, comentó la investigadora.

Frente a estos desafíos, Yahaira Ochoa resaltó que el Estado debe reconocer formal, legal y socialmente a las personas cuidadoras. La experta enfatizó la necesidad de fomentar la corresponsabilidad de los hombres en las tareas de cuidado e impulsar marcos normativos laborales y educativos adaptados a las realidades de quienes asumen estos roles, para mitigar la vulnerabilidad que enfrentan las mujeres en el sistema de salud.

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