Por Redacción
México, Estados Unidos, 16 de marzo de 2026.- El expresidente estadounidense Donald Trump calificó a Cuba como una “nación fallida”, aunque afirmó buscar un acuerdo para resolver las diferencias, en medio de una crisis en la isla atribuida a sanciones económicas y energéticas de Estados Unidos. Mientras el mandatario cubano, Miguel Díaz-Canel, confirmó conversaciones con Washington, en México el expresidente Andrés Manuel López Obrador y el diario La Jornada convocaron a una campaña de donaciones para enviar ayuda, iniciativa que el embajador de EU en México, Ronald Johnson, condicionó al argumentar que debe “empoderar al pueblo cubano, no al régimen”.
La situación ha expuesto tensiones diplomáticas y humanitarias. Por un lado, Trump, en declaraciones públicas, describió a Cuba con dureza pero dejó abierta la puerta a un entendimiento, una postura que contrasta con la de su embajador en México, quien enfatizó que cualquier asistencia debe evitar fortalecer al gobierno de La Habana. Por otro, la respuesta mexicana se canalizó a través de una iniciativa civil, con el diputado Carlos Castillo donando 61,000 pesos a una cuenta bancaria Banorte (1358451779) y López Obrador llamando, desde redes sociales, a apoyar a Cuba y criticando lo que describió como ataques a su soberanía.
El contexto de la crisis se vincula a lo que medios y el gobierno cubano han denominado un “bloqueo económico” por parte de Estados Unidos, que habría limitado severamente los suministros energéticos y otros recursos básicos en la isla. Sin embargo, no se han detallado oficialmente las medidas específicas recientemente aplicadas por Washington, lo que genera incertidumbre sobre el alcance exacto de las restricciones.
La campaña de recaudación impulsada desde México, bajo el nombre “Humanidad con América Latina”, busca reunir fondos para paliar la emergencia, aunque al momento se desconoce el monto total recaudado. Esta acción refleja una postura de solidaridad regional que históricamente ha caracterizado a sectores de la política mexicana, y que ahora choca con la visión condicionante de la administración estadounidense.
Las declaraciones de Díaz-Canel, confirmando el diálogo con Estados Unidos, sugieren que, pese a la retórica dura, podría haber espacio para negociaciones. No obstante, la naturaleza exacta y los avances de esas conversaciones permanecen sin aclararse públicamente, dejando en el aire la posibilidad de una solución próxima a la crisis que afecta a la población cubana.
El escenario pone a prueba las relaciones trilaterales en un momento delicado. Mientras Cuba busca alivio a sus penurias internas, Estados Unidos balancea su tradicional postura crítica con el régimen socialista con la necesidad pragmática de manejar una crisis humanitaria en su frontera marítima. México, por su parte, actúa como un puente humanitario y político, aunque su iniciativa corre el riesgo de ser interpretada como un respaldo al gobierno de la isla, en contraposición a las condiciones establecidas por Washington.